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Jueves, 24 Agosto 2017 09:17

Cómo educar el ladrido de un perro para la caza

Escrito por Caza Chiruca

Los perros, como descendientes del lobo, son cazadores. disponen de poderosas armas para matar a otros animales, incluso de mayor tamaño que ellos mismos. además, son animales sociales que necesitan pertenecer a un grupo para ser más eficientes en la caza.

 

Pero para que estos animales puedan coexistir en grupo sin que se maten unos a otros han tenido que idear un sistema de convivencia, la jerarquía. Y para poder establecer jerarquías y ser cooperativos necesitan unos buenos sistemas de comunicación. Uno de éstos sistemas es el ladrido.

 

Vamos a centrarnos en las señales auditivas, que son mucho más ricas de lo que podemos imaginar, ya que los perros gruñen, aúllan y ladran para comunicarse. Pero, además, cualquier persona que conviva con perros sabe que el tono y cadencia de los ladridos varían según lo que el perro quiera decir.

 

No es lo mismo un ladrido de incitación al juego que un ladrido de amenaza. Si combinamos los ladridos con expresiones corporales (posturas de la cola, del pelo o dientes y lengua) obtendremos una comunicación variada y compleja, que los perros de forma natural y por aprendizaje entienden.

Estudios llevados a acabo en perros salvajes, indican que el ladrido nace como medio de comunicación para situaciones concretas, por ejemplo, la presencia de un enemigo. Ladrar avisa a los de su grupo, les atrae y les aúna frente a un peligro común, aunque en el perro actual el ladrido ha sido seleccionado genéticamente y ha llegado a ser más rico y complejo o ha desaparecido.

Existen razas que no ladran, que tan aúllan, como los perros nórdicos (Alaskan Malamute, Husky Siberiano, Samoyedo) aunque pueden aprender a ladrar en presencia de otros perros. Otras razas, en cambio, suelen ser muy ladradoras, como las razas pequeñas (Jack Russel Terrier, Teckels, etcétera).

 

EL LADRIDO EN LA CAZA

En los perros de caza, el ladrido tiene la misma función que para los perros salvajes, avisar de que algo ocurre a los demás miembros del grupo. Casi todos los perros de caza ladran frente a una pieza que les supone una amenaza, por ejemplo, un jabalí, o simplemente avisan con el ladrido al resto del grupo de que persiguen una pieza, como hacen los podencos “latiendo” tras un conejo.

 

Esta característica se ha reforzado en algunas razas para sacar ventaja en la actividad cinegética, y se ha tratado de evitar en otras por los mismos motivos.

 

Entre los primeros –y por poner un ejemplo- están los Elkhounds de Noruega, perros dedicados a la caza del alce en el norte de Europa, y en los que se ha seleccionado precisamente el ladrido como una de las características destacables de su técnica de caza. A los Elkhounds, que son parecidos a Malamutes pero algo más pequeños, se los libera en el monte con el objetivo de que encuentren la caza.

 

Son perros independientes, que se alejan mucho de su dueño buscando el alce. Cuando lo encuentran, no dejan de ladrarles, lo que pueden hacer durante horas. El alce, un cérvido de gran tamaño que se acerca a los mil kilos de peso, no suele huir mucho, ya que el pequeño perro les supone más una molestia que una amenaza. La caza consiste en localizar al perro ladrando para aproximarse lo suficiente y abatir a la pieza.

 

En el extremo opuesto están los perros que han sido seleccionados para que sean silenciosos. Los perros utilizados para que hagan presa sobre la pieza suelen serlo. En su libro “El dogo Argentino”, el doctor Nores explica que en la selección genética de esta raza buscó el silencio como una característica funcional para que pudiese llegar hasta la pieza sin que ésta se diese cuenta, para posibilitar hacer presa en ella. En estos perros, el instinto natural de ladrar a un animal mayor en tamaño ha desaparecido en favor de una aproximación sin ser descubiertos.

 

EDUCAR EL LADRIDO

Como vemos, el ladrido es algo que en mayor o menor medida se ha seleccionado genéticamente en razas de trabajo con idea de aprovecharlo para la caza. Pero también educar a un perro a que ladre en determinadas situaciones puede ser muy útil.

 

En el norte de España, la caza del jabalí es la reina, y se procura educar a los perros a que “marquen a parado”. Los sabuesos no son muy buenos defendiéndose en el monte frente a un jabalí, por lo que generalmente suelen salir muy mal parados cuando el enemigo tiene cierto tamaño y defensas.

 

Por ello, los sabueseros valoran mucho los perros que localizan las piezas en el monte y las marcan con sus ladridos, descubriendo su escondite, pero no las levantan. El propio perrero es el que acude en ayuda del perro para levantar al jabalí a la defensiva. Esto hace que menos perros mueran por las cuchilladas de los jabalíes.

 

Algunos perros –pocos- marcan a parado de forma natural, y otros comienzan a hacerlo cuando han sido heridos por los jabalíes y les han cogido miedo.

Existe una técnica sencilla para educar a los perros a hacerlo. Cuando el cachorro tiene cierta edad, y empieza a mostrar instinto de caza, es el momento de exponerle, atado a una traílla, a un jabalí domesticado. Le estimularemos a perseguirle, lo que aumentará su afición por la caza y, sin duda, empezará a ladrarle, pero cuando vaya cogiendo confianza, ganándole terreno al jabalí y veamos que quiere morderle, un suave tirón del arnés le devolverá a su lugar.

Hay que repetir este juego hasta que entienda cuál es su sitio ante el jabalí. Las primeras lecciones serán cortas, iremos aumentando el tiempo en lecciones sucesivas hasta que tengamos un alumno que ladre el tiempo que sea necesario a la pieza sin entrarle y arriesgar su vida.

 

Entonces, estará preparado para salir al monte.

 

EL SABUESO, LA PERFECCIÓN DEL LADRIDO

La perfección del ladrido en la caza llega con los sabuesos, cualidad seleccionada con dos objetivos. El primero de ellos es que, con sus atronadores y constantes ladridos, asusten a las piezas de caza, las hagan huir del monte y las pongan a tiro del cazador.

 

Pero, además, han sido seleccionados para que sutiles cambios en el tono del ladrido indiquen al cazador lo que está ocurriendo en el monte. Un buen sabuesero entiende lo que el perro le dicen en todo momento. Los sabuesos desarrollan en plenitud sus dotes olfativas en zonas donde la humedad es alta, y esto –en la península- se produce en zonas boscosas del norte.

 

Poder ver los perros en estas zonas de terrenos abruptos y densa vegetación es realmente muy difícil. Por ello, se desarrolló el característico ladrido del sabueso. Un buen sabueso marcará con distinto ladrido un rastro antiguo, un rastro reciente, si tiene la pieza delante (parada) o si la ha levantado.

 

Es decir, el sabueso no sólo tiene dotes de caza y olfato, sino que además desaloja la caza del monte e informa al cazador de lo que ocurre en todo momento. En el norte, y cazando con sabuesos, las cacerías son principalmente de oído.

 

Texto: Juan J. García Estévez

 

Fuente: www.trofeodecaza.com

 

 

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