Los incendios forestales constituyen uno de los grandes desafíos ambientales y sociales de nuestro territorio. Sus consecuencias alcanzan a los ecosistemas, la fauna, las explotaciones rurales, las infraestructuras y, sobre todo, a las personas que viven o trabajan en las zonas afectadas.
«Actualizado a septiembre 26»
La prevención exige actuar durante todo el año. No basta con disponer de medios de extinción cuando comienza el fuego: es necesario gestionar la vegetación, mantener el territorio, conservar los usos rurales, mejorar la vigilancia y preparar a la población.
Dentro de esa estrategia, una gestión cinegética responsable puede realizar aportaciones importantes. El mantenimiento de accesos, algunos desbroces, la presencia de guardas, la vigilancia y el conocimiento del terreno pueden ayudar a reducir riesgos o facilitar una detección temprana.
Sin embargo, sería incorrecto afirmar que la caza, por sí sola, evita los incendios. Su contribución depende de cómo se gestione cada terreno, de la coordinación con propietarios y administraciones y de que las actuaciones respondan a criterios técnicos y ambientales.
Los grandes incendios exigen gestionar el territorio
La Estadística General de Incendios Forestales —EGIF— del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico constituye la principal fuente oficial para conocer la evolución de los incendios en España.
Según el avance correspondiente a 2025, durante ese año se registraron 8.199 siniestros forestales. Aunque el número fue inferior a la media del decenio anterior, la superficie afectada alcanzó aproximadamente las 354.747 hectáreas, más del triple de la media del periodo 2015-2024.
El dato muestra una realidad importante: que se produzcan menos incendios no significa necesariamente que sus consecuencias sean menores. En determinadas condiciones meteorológicas y territoriales, algunos fuegos pueden alcanzar una intensidad, velocidad y extensión extraordinarias.
En 2025 se contabilizaron 63 grandes incendios forestales, denominación aplicada a los que superan las 500 hectáreas. Aunque representaron menos del 1 % de los siniestros, concentraron alrededor del 87 % de toda la superficie quemada.
Estos datos refuerzan la necesidad de actuar antes de que aparezca la llama.
¿Por qué la vegetación influye en la propagación?
Toda vegetación puede actuar como combustible. El riesgo no depende únicamente de la cantidad, sino también de su estado, disposición, humedad y continuidad.
Cuando existe una gran continuidad de hierbas secas, matorral, ramas y arbolado, el fuego puede avanzar sin encontrar suficientes interrupciones. La topografía, el viento, la temperatura y la sequedad determinan después la intensidad y velocidad de la propagación.
Las Orientaciones Estratégicas para la Gestión de Incendios Forestales en España, aprobadas en 2022, señalan como líneas prioritarias:
- Gestionar el combustible vegetal.
- Reducir su continuidad.
- Mantener paisajes en mosaico.
- Integrar las políticas forestales, agrícolas y ganaderas.
- Mejorar la coordinación entre administraciones.
- Reforzar la planificación y la formación.
- Implicar a los distintos actores públicos y privados presentes en el territorio.
Los paisajes en mosaico combinan formaciones forestales, cultivos, pastos, claros y otras superficies. Esta heterogeneidad puede crear discontinuidades y ofrecer más oportunidades para limitar la propagación que un paisaje completamente uniforme.
¿Qué entendemos por gestión cinegética?
La gestión cinegética no se limita a organizar jornadas de caza. Comprende la planificación del aprovechamiento, el seguimiento de poblaciones, la conservación de hábitats, el mantenimiento de infraestructuras y la vigilancia de los terrenos.
Estas actuaciones deben quedar recogidas en los correspondientes instrumentos de gestión y ajustarse a la legislación autonómica, forestal, ambiental y cinegética.
No todos los cotos tienen las mismas características ni realizan idénticas labores. Por ello, no puede atribuirse automáticamente a cualquier terreno cinegético un efecto preventivo frente al fuego.
La aportación aparece cuando existe una gestión activa, continuada y coordinada con las necesidades reales del monte.
Mantenimiento de pistas y accesos
Una red de accesos en buen estado puede facilitar la vigilancia, el mantenimiento de las infraestructuras y, cuando resulte necesario, la llegada de los servicios de emergencia.
Los guardas, gestores y propietarios conocen a menudo pistas, cancelas, vaguadas, puntos de giro y zonas de difícil tránsito que no siempre aparecen correctamente reflejadas en una aplicación de navegación.
Ese conocimiento puede resultar valioso cuando se transmite a los responsables del operativo.
No obstante, abrir pistas de manera indiscriminada no constituye una medida de prevención. Cualquier nueva infraestructura debe contar con autorización, responder a una planificación técnica y evitar problemas de erosión, fragmentación del hábitat o acceso descontrolado.
Desbroces, podas y cortaderos
Los desbroces y tratamientos selvícolas pueden reducir la cantidad y continuidad del combustible en lugares estratégicos. También existen cortaderos vinculados a la actividad cinegética que, si están correctamente diseñados y mantenidos, pueden actuar como discontinuidades en la vegetación.
Pero un desbroce puntual no convierte una zona en una barrera eficaz frente a cualquier incendio. Su utilidad depende de:
- Anchura y ubicación.
- Tipo de vegetación.
- Frecuencia de mantenimiento.
- Pendiente y orientación.
- Dirección habitual de los vientos.
- Conexión con otras áreas de defensa.
- Condiciones en las que se produzca el incendio.
Un fuego de gran intensidad puede superar pistas, cortaderos y áreas aparentemente limpias. Por eso, estas actuaciones deben entenderse como parte de una planificación territorial, no como una garantía absoluta.
Los trabajos con maquinaria también pueden generar riesgo. Deben realizarse en las épocas permitidas, respetar las restricciones establecidas y extremar las precauciones frente a chispas, sobrecalentamientos o contacto con vegetación seca.
Puntos de agua: no todos tienen la misma función
En muchas fincas cinegéticas existen charcas, balsas y bebederos destinados a la fauna. Estos puntos pueden ser importantes durante periodos de sequía y contribuir a distribuir los animales por el territorio.
Sin embargo, no debe asumirse que cualquier balsa puede ser utilizada automáticamente por los equipos de extinción. Para que un punto de agua tenga utilidad operativa debe reunir unas condiciones concretas de capacidad, acceso, señalización, mantenimiento y seguridad.
Las infraestructuras destinadas expresamente a la defensa contra incendios deben planificarse junto a técnicos y administraciones competentes.
Un bebedero para fauna y un depósito preparado para medios terrestres o aéreos no son equivalentes.
Guardas y cazadores como observadores del territorio
La presencia habitual de personas en el medio rural puede favorecer la detección temprana de humo, fuego, vertidos, tendidos dañados o comportamientos peligrosos.
Guardas y gestores conocen el terreno y pueden:
- Localizar con precisión un conato.
- Facilitar coordenadas.
- Identificar el acceso más próximo.
- Advertir de caminos cortados o impracticables.
- Informar de depósitos, balsas o infraestructuras.
- Detectar actividades que incumplan restricciones.
- Comunicar incidencias a propietarios y autoridades.
El valor principal de esta presencia no consiste en sustituir a los servicios profesionales, sino en observar, avisar y proporcionar información útil.
Una alerta temprana puede ser determinante, especialmente en lugares poco transitados.
¿Cuánto invierte el sector cinegético en conservación?
El estudio de impacto económico, social y ambiental de la actividad cinegética presentado en 2025 por Deloitte para Fundación Artemisan, con colaboración del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, cifra en unos 320 millones de euros la inversión anual de cazadores y entidades del sector en conservación.
De esa cantidad, aproximadamente 289 millones se destinan a medidas de gestión como aportes de agua y alimento, siembras y desbroces, mientras que otros 31 millones corresponden a programas de conservación desarrollados por asociaciones y federaciones.
Estas cifras muestran la capacidad del sector para movilizar recursos privados en el medio rural. Sin embargo, no deben interpretarse como una inversión íntegramente destinada a la prevención de incendios. Bajo el concepto de conservación se reúnen actuaciones con objetivos diferentes.
El artículo original citaba 54 millones de euros anuales en trabajos como accesos, pantanos, podas, mejora del monte, cortafuegos y cortaderos. Esa cifra procede del anterior estudio de Deloitte, publicado en 2018. Puede utilizarse como referencia histórica, pero no presentarse sin fecha como si fuera un cálculo nuevo.
¿Los animales de caza mayor “desbrozan” el monte?
Ciervos, corzos, gamos, cabras y otros herbívoros consumen vegetación y pueden modificar la estructura del sotobosque. En determinadas condiciones, su presencia influye en la cantidad y distribución de biomasa vegetal.
Pero describirlos simplemente como “desbrozadoras naturales” resulta excesivamente simplificador.
Una densidad equilibrada puede formar parte del funcionamiento de un ecosistema. En cambio, una sobreabundancia de ungulados puede:
- Impedir la regeneración de árboles y arbustos.
- Reducir la diversidad vegetal.
- Alterar la estructura del hábitat.
- Aumentar los daños sobre cultivos.
- Favorecer problemas sanitarios.
- Provocar una presión excesiva sobre determinadas especies.
Tampoco todos los animales consumen la misma vegetación ni actúan sobre las zonas donde sería necesario reducir el combustible.
La gestión de poblaciones puede integrarse en la planificación del territorio, pero no sustituye a los tratamientos selvícolas, al pastoreo dirigido ni a otras herramientas profesionales de prevención.
Caza, ganadería y usos tradicionales
El abandono rural y la pérdida de actividades tradicionales han modificado muchos paisajes. En algunas zonas, la desaparición de cultivos, aprovechamientos forestales o ganadería extensiva ha favorecido la expansión y continuidad de la vegetación.
La prevención moderna busca recuperar un territorio gestionado y económicamente activo. La agricultura, la ganadería extensiva, la selvicultura, el aprovechamiento de biomasa y una gestión cinegética responsable pueden contribuir a mantener ese mosaico.
Ninguna actividad es una solución universal. La combinación adecuada dependerá del ecosistema, los objetivos de conservación, la propiedad y la realidad social de cada comarca.
La colaboración entre sectores resulta más eficaz que presentar una sola actividad como respuesta al problema de los incendios.
Qué debe hacer un cazador si detecta un incendio
Si durante una jornada se observa humo o fuego:
- Llama inmediatamente al 112.
- Facilita la ubicación o las coordenadas.
- Describe qué está ardiendo y la extensión aproximada.
- Informa de la dirección del humo y del viento, si puedes hacerlo con seguridad.
- Indica los accesos conocidos y los obstáculos existentes.
- Avisa a la organización y al resto del grupo.
- Sigue las instrucciones de las autoridades.
- Mantén libres las pistas y vías de acceso.
No debe intentarse apagar el fuego por iniciativa propia. Un cambio de viento puede modificar su comportamiento en segundos y dejar atrapada a una persona familiarizada con el terreno.
Tampoco hay que acercarse para grabar imágenes, recuperar material o comprobar cómo evoluciona. Las tareas de extinción corresponden a equipos formados, coordinados y equipados para trabajar en condiciones extremadamente peligrosas.
La colaboración ciudadana más útil consiste en alertar pronto, transmitir información precisa y no interferir en el operativo.
Precauciones durante las jornadas de máximo riesgo
La regulación del uso del fuego, maquinaria, vehículos y determinadas actividades cambia según la comunidad autónoma y el nivel de riesgo.
Antes de salir conviene consultar:
- El índice de riesgo de incendio.
- Las restricciones autonómicas y locales.
- Los avisos meteorológicos.
- La posible suspensión de actividades.
- Las instrucciones del titular o responsable de la jornada.
También deben evitarse conductas como abandonar colillas, estacionar sobre vegetación seca, bloquear accesos, utilizar herramientas capaces de producir chispas o dejar residuos que puedan concentrar calor.
En condiciones extremas, la decisión responsable puede ser suspender la actividad aunque formalmente todavía no se haya decretado una prohibición.
Después del incendio: recuperación y prudencia
La intervención no termina cuando se extinguen las llamas. El terreno puede conservar puntos calientes, árboles inestables, suelos debilitados y estructuras dañadas durante días o semanas.
No se debe entrar en la zona hasta que las autoridades o responsables permitan el acceso.
Las actuaciones posteriores pueden incluir:
- Evaluación de daños.
- Reparación de accesos e infraestructuras.
- Protección del suelo frente a la erosión.
- Recuperación de puntos de agua.
- Seguimiento de poblaciones animales.
- Restauración de hábitats.
- Control de especies invasoras.
- Planificación de la regeneración vegetal.
No siempre es conveniente alimentar, trasladar o manipular fauna inmediatamente después del fuego. Una actuación bienintencionada puede concentrar animales, aumentar el estrés o interferir con los trabajos técnicos.
Cualquier medida debe coordinarse con gestores, veterinarios, agentes medioambientales y administraciones.
Preguntas frecuentes sobre caza e incendios forestales
¿Puede la caza evitar los incendios forestales?
No por sí sola. Una gestión cinegética responsable puede contribuir mediante vigilancia, mantenimiento de infraestructuras y determinadas actuaciones sobre el hábitat, pero debe integrarse en una planificación forestal más amplia.
¿Los cotos sufren menos incendios?
No puede afirmarse de forma general. Cada terreno presenta condiciones diferentes de vegetación, clima, gestión y presión humana. Para demostrar una menor incidencia sería necesario comparar datos homogéneos y controlar todos esos factores.
¿Un cortadero cinegético funciona como cortafuegos?
Puede crear una discontinuidad útil, pero su eficacia depende del diseño, mantenimiento, ubicación y comportamiento del incendio. No constituye una barrera infranqueable.
¿Los ciervos y otros herbívoros reducen el riesgo?
El consumo de vegetación puede modificar parte del sotobosque, pero su efecto depende de la especie, densidad y hábitat. Una población excesiva también puede impedir la regeneración forestal. No sustituyen la gestión técnica del combustible.
¿Puede un cazador ayudar a apagar un incendio?
Solo si forma parte de un dispositivo autorizado y recibe instrucciones de los responsables. En cualquier otra situación debe avisar al 112, alejarse y no interferir en la extinción.
¿Qué aporta un guarda de coto?
Su presencia y conocimiento del terreno pueden facilitar la vigilancia, la detección temprana, la localización del fuego y la identificación de accesos e infraestructuras.
Una aportación importante, pero no una solución aislada
La actividad cinegética mantiene una presencia significativa en el medio rural y moviliza recursos destinados a gestionar hábitats e infraestructuras. Cuando esa gestión es técnica, responsable y continuada, puede contribuir a crear territorios más vigilados, accesibles y preparados.
Reconocer esa aportación no exige exagerarla. La prevención de incendios es una tarea colectiva en la que participan administraciones, propietarios, selvicultores, agricultores, ganaderos, cazadores, científicos y servicios de emergencia.
El papel más útil del mundo cinegético se encuentra en la gestión durante todo el año, en el conocimiento del territorio y en la capacidad de colaborar. Porque frente al fuego, la mejor intervención comienza mucho antes de que aparezca la primera llama.