El rececho invernal no perdona. Madrugones antes del amanecer, frío que cala, viento cortante, monte silencioso y muchas horas de caminar despacio, haciendo menos ruido que la nieve o la escarcha bajo las botas.
En estas condiciones, no basta con tener ganas: el cuerpo y el equipo tienen que estar a la altura. De lo contrario, el rececho deja de ser una jornada de caza y se convierte en una lucha contra el frío, las rozaduras y el cansancio.
El cuerpo: la primera “herramienta” del recechista
Un buen rececho en invierno empieza mucho antes del día marcado en el calendario. El cazador que quiere llegar bien al monte sabe que tiene que trabajar:
- Resistencia: muchas horas andando, a veces con desnivel, cargando equipo.
- Piernas y espalda: subidas, bajadas, cambios de ritmo, paradas largas y de nuevo movimiento.
- Capacidad de aguantar frío y quietud: porque no siempre se camina; también se espera, se observa, se toma decisión.
No se trata de convertirse en atleta, sino de:
- Caminar con frecuencia antes de la temporada.
- Incluir cuestas, terreno irregular, algo de peso en la mochila.
- Cuidar el descanso la semana previa: llegar roto de sueño al rececho es empezar perdiendo.
Un cuerpo cansado y frío piensa peor, reacciona peor y se mueve peor. Y eso, en el monte, es un problema.
El papel de la alimentación y la hidratación
El frío engaña: parece que uno tiene menos sed, pero el cuerpo sigue perdiendo líquidos. Además, el esfuerzo en cuestas y terreno duro quema energía.
Algunas ideas:
- Desayuno serio, no “un café al vuelo”.
- Algo de comida energética para el camino: frutos secos, bocadillos, barritas (sin papeles que hagan ruido).
- Agua o bebida caliente en termo: la sensación de calor ayuda tanto como la hidratación en sí.
Evitar los excesos de alcohol no es solo una cuestión de seguridad con el arma: con frío y terreno complicado, el equilibrio y el juicio tienen que estar al 100%.
Vestirse para el rececho: capas silenciosas y funcionales
En rececho, el ruido mata más oportunidades que el viento. Y en invierno, además, el reto es no pasar frío sin ir vestido como un saco de plástico ruidoso.
El sistema por capas vuelve a ser clave:
- Capa interior:
- Tejido técnico que evacúe el sudor.
- Nada de algodón pegado al cuerpo (acumula humedad y enfría).
- Capa intermedia:
- Prenda térmica que mantenga el calor, pero deje moverse con libertad.
- Capa exterior:
- Impermeable o cortavientos.
- Lo más silenciosa posible: tejidos específicos de caza que no crujan al rozar ramas o al mover los brazos.
Añadimos:
- Gorro o braga de cuello: gran parte del calor se escapa por la cabeza y el cuello.
- Guantes que abriguen, pero permitan sentir el gatillo.
- Ropa con colores discretos que se fundan con el monte, según la especie y el entorno.
Botas de caza para rececho invernal: silencio, agarre y abrigo
Las botas son, probablemente, la parte más importante del equipo en un rececho en invierno:
- Transpiración: si el pie va sudado, la jornada se acorta sola.
- Impermeabilidad: nieve, escarcha, charcos, barro… el monte en invierno siempre guarda agua.
- Buena suela: agarre en piedra fría, roca húmeda, hierba helada y barro. No es un paseo por pista, muchas veces hay que avanzar cruzando pedreras, cortafuegos o laderas.
- Estabilidad y sujeción del tobillo: un resbalón tonto en una zona empinada puede acabar en lesión.
- Silencio al pisar: una suela que apoya bien en el terreno ayuda a controlar mejor el ruido de cada paso.
En rececho, el cazador depende de sus pies. Si pisa con confianza, puede concentrarse en leer el viento, el rastro y el monte. Si va pendiente de no caer o de no mojarse, el rececho pierde sentido.
El resto del equipo: mochila, óptica y pequeños detalles
Un equipo bien preparado es aquel que no molesta y ayuda a pasar desapercibido:
- Mochila ligera, sin correas sueltas que golpeen y hagan ruido.
- Prismáticos u óptica de calidad: en invierno, la luz es más corta y los contrastes, más duros.
- Cinta, funda o protección para el arma frente a lluvia y golpes.
- Pequeño botiquín y manta ligera de emergencia: el invierno no perdona una torcedura o una caída lejos del coche.
- Frontal o linterna discreta para entrada y salida del monte de noche, siempre con cuidado de no deslumbrar ni apuntar donde no se debe.
Cabeza de recechista: calma, ritmo y respeto
El carácter del rececho invernal es distinto: menos ruido, más silencio, más espera.
Un buen recechista en invierno:
- Aprende a escuchar el monte: ramas, viento, pájaros, pequeños ruidos.
- Sabe cuándo hay que pararse, observar y decidir.
- Respeta sus límites físicos y no se mete en sitios de los que luego es difícil salir.
- Antepone seguridad y ética a cualquier trofeo.
Preparar bien el cuerpo y el equipo no es cuestión de capricho: es una forma de respeto al monte y a uno mismo. El invierno no regala nada; por eso, cuando el rececho sale bien, sabe el doble.