La montería ya es, de por sí, una modalidad exigente: mucha gente en el monte, puestos, rehalas, tiros, cambios de ritmo…
Si a eso le sumas lluvia, barro y terreno resbaladizo, el riesgo aumenta. Y el cazador lo sabe: no se trata solo de “aguantar el día”, sino de volver a casa entero.
La seguridad empieza mucho antes del primer disparo. Empieza cuando miras al cielo, ves el parte meteorológico, eliges el equipo y te calzas las botas. A partir de ahí, cada detalle cuenta.
Entender el terreno: barro, agua y desniveles
En una montería con terreno mojado casi nunca fallan tres elementos:
- Pendientes con hierba húmeda: parecen inocentes, pero son auténticas pistas de patinaje.
- Rodadas y caminos embarrados: el agua se queda en las hondonadas y convierte el terreno en una trampa.
- Piedra mojada y roca pulida: combinación peligrosa cuando se baja la guardia.
Antes de colocarte en el puesto, merece la pena observar el entorno:
- ¿Por dónde vas a subir y bajar?
- ¿Dónde hay más barro?
- ¿Hay zonas de roca o raíces que puedan jugarte una mala pasada?
Tener esto claro ayuda a elegir el mejor camino y reducir riesgos cuando la montería se mueva o toque cambiar de zona.
El papel del calzado: agarre, estabilidad e impermeabilidad
En estas condiciones, la elección de botas no es un detalle: es un factor de seguridad.
Unas buenas botas de caza para montería con barro deben ofrecer:
- Suela con buen taqueado: dibujo profundo que se “muerde” en el barro y la hierba húmeda.
- Estabilidad lateral: caña media o alta para sujetar el tobillo al pisar sobre piedra, raíces o roderas.
- Impermeabilidad y transpiración: la combinación de agua, lluvia fina y barro hace que, si las botas fallan, en una hora tengas el pie empapado. Un pie frío y mojado es un pie torpe.
- Buen apoyo en el talón: las bajadas con barro son críticas; si el talón no apoya correctamente, el resbalón está casi garantizado.
En terreno complicado, el cazador necesita confiar en cada pisada. Si va pensando más en no caerse que en lo que sucede alrededor, pierde atención, seguridad y eficacia en el puesto.
Ropa y equipo: cuando el agua no perdona
El barro casi nunca viene solo: suele llegar de la mano de la lluvia, de la niebla o de una humedad constante.
Algunos puntos clave:
- Capas, no “un abrigo gordo”:
- Capa interior que evacúe el sudor.
- Capa intermedia térmica.
- Capa exterior impermeable y silenciosa.
- Prendas silenciosas: en montería no es tan crítico como en rececho, pero los tejidos rígidos y ruidosos, con agua, se vuelven molestos.
- Guantes y gorro: con humedad y frío, las manos pierden sensibilidad y la cabeza pierde calor. No son accesorios, son seguridad.
- Chaleco o prendas de alta visibilidad donde lo exija la organización (y aunque no lo exija, es buena idea). Con niebla, lluvia o luz mala, verse y ser visto es fundamental.
Seguridad en los desplazamientos: del coche al puesto y del puesto al coche
Muchas de las lesiones en montería no suceden en el disparo, sino en los desplazamientos:
- Subiendo o bajando al puesto con prisas.
- Cruzando un arroyo con las piedras mojadas.
- Resbalando en una ladera embarrada mientras recoges.
Algunos hábitos sencillos marcan la diferencia:
- Evitar correr: el jabalí puede esperar; la rodilla o el tobillo, no.
- Usar bastón o apoyo en zonas muy embarradas o con pendiente.
- Buscar siempre la pisada más limpia: borde de la senda, zona con hierba, piedras con mejor agarre.
- No confiarse en las zonas “ya conocidas”: con barro, el terreno de siempre se comporta distinto.
Arma y barro: combinación peligrosa si no se controla
En días de barro y lluvia:
- El arma se moja, se ensucia y recibe golpes.
- El frío y la humedad afectan a la sensibilidad de los dedos.
- Los cambios de postura son más frecuentes porque cuesta estar cómodo en el puesto.
Algunos puntos básicos de seguridad:
- Mantener el cañón siempre controlado: nunca hacia personas, rehalas ni zonas no seguras, por mucha incomodidad que haya.
- Revisar el estado del cañón si ha caído barro o agua en la boca.
- No disparar “por compromiso”: si el terreno está resbaladizo y no tienes postura firme, mejor dejar pasar la oportunidad que asumir un tiro inseguro.
Actitud de cazador: prudencia, paciencia y cabeza fría
El cazador de verdad sabe que no hay jabalí, venado o res que compense un accidente. En montería con barro, la cabeza manda:
- Aceptar que irás más lento: el terreno manda, no el reloj.
- Ser cuidadoso al entrar y salir del puesto, aunque los perros ladren y la mano esté “caliente”.
- Avisar si tienes una caída o torcedura: terminar la jornada lesionado no es un trofeo.
La experiencia cuenta, pero la prudencia pesa más. Y en días de barro, los buenos cazadores se reconocen por cómo se mueven… no solo por lo que abaten.