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Martes, 18 Julio 2017 10:54

Trucos con los perros antes de la caza en media veda

Escrito por Caza Chiruca

En julio vemos ya llegar en breve la media veda y nos planteamos una dedicación especial con nuestros perros para que afronten en buena forma la desveda de agosto. ¡Tranquilo, queda tiempo!, la semana que viene comienzo...

 

Pero el día a día es trabajoso y absorbente, el tiempo se nos pasa volando, y entre unas cosas y otras muchos llegan a las puertas de agosto sin haber empezado. ¡Pero si sólo queda un par de semanas para el arranque de la media veda, y yo sin sacar el perro de caza al campo! Y las prisas se instalan en nosotros y acabamos desaprovechando lo que de verdad interesa aun disponiendo de tan corto plazo.

 

1 Encarar el viento

Es fundamental habituar al perro a que de forma natural y habitual entre a la búsqueda con el viento en la mejor disposición posible. En estos días hay que provocar a nuestro perro a que busque sus objetos habituales de juego y entrenamiento, que serán un apport o una pelota de tenis. Básicamente hay que motivar al perro con el juego para que entre a la búsqueda de la pelota de tenis, y que lo haga de una forma relativamente sosegada. Para ello primero jugaremos con unos cuantos lanzamientos de la pelota a una zona de hierba o pasto, entrando el perro al cobro y buscando casi siempre durante apenas unos segundos, pues lleva la referencia visual del vuelo de la pelota. A continuación viene el truco: cruzaremos esa zona de matas, dejaremos caer a nuestro paso la pelota sin que el perro la vea, saldremos y encararemos ese rodal con el viento de cara para que al ordenarle la búsqueda (con que venga a oler nuestras manos, impregnadas por el olor de la pelota, ya sabe lo que tiene que buscar) entre en la mejor disposición posible. Repitiendo este ejercicio unas cuantas veces comprobaremos la disposición de nuestro perro a la localización, y bastará algún que otro intento entrando por otra cara para comprobar si el perro toma la deriva necesaria para encarar le búsqueda entrando al viento de cara o sigue mecánicamente por donde lo llevamos, siendo en ese caso necesaria una insistencia mayor en los días siguientes.

 

2 Cazar templado

Todo radica en tres aspectos:

  • Tiempo de reacción, pues el perro necesita calentar y conectar con el cazadero antes de comenzar a cazar, por ello nunca debemos soltarlo cuando ya nos disponemos a recorrer el cazadero, ya que calentará donde debe cazar y lo hará durante un buen rato por la presión del momento y sus necesidades emocionales. Recomiendo imponernos todos los días soltar a nuestro perro al menos diez minutos en una zona donde pueda soltarse, calentar, y mientras tanto estar cerca de él -¡no seguirlo!-, e incluso optar por sentarnos a la sombra y ponernos a leer un poco. Nuestro perro, que no percibe tensión previa de caza, tenderá a “hacer sus cosas”, acabar, y venir a buscarnos con naturalidad porque sabe que a continuación es cuando jugamos con él o lo llevamos de campeo.
  • Motivación condicionada, pues podemos interferir para que su deseo no sea salir como una centella a comerse el rastrojo (motivación primaria), sino que encuentre otras recompensas que le permitan liberar presión y permanecer con nosotros (motivación secundaria e impuesta). La motivación condicionada suele funcionar muy bien en un gran número de perros, y bastará habituarlo a que, según llegamos al campo -hablo del periodo de entrenamiento-, lo primero es liberarlo, ofrecerle agua, estar llamando su atención jugando, etc., para que baje la intensidad del estrés. Se acostumbrará a que estamos pendientes de él y se quedará alrededor del coche.
  • Coherencia emocional. Un perro reacciona estresándose si nos percibe nerviosos en los comienzos, rebuscando rápido en la bolsa de los cartuchos, jurando en tres idiomas porque se nos ha olvidado la gorra, bronqueando a nuestro compañero de caza porque va muy lento, moviéndonos de acá para allá con el ajetreo del que parece que le están robando minutos y quiere salir cuanto antes a cazar... Es vital que nos vea tranquilos, alegres, llamándolo con voz desenfadada, cantando o silbando, que no perciba tensión ni mucho menos mal humor; recomiendo llamarlo de vez en cuando para acariciarlo, decirle algunas palabras que entienda como de alegría, mientras preparamos el equipo. ¡No nos desentendamos de él!, eso es abrirle la puerta a que salga pitando de nuevo...

 

3 La intención

Nuestro perro puede estar en buena forma física, mantener un buen vínculo con nosotros, estar campeado, pero si no caza con intención y resuelve con esta disposición, no llegará a poner todo su potencial al servicio de la caza. Podría decirse que estoy pidiendo favorecer que nuestros perros cacen con mayor picardía, que se apliquen a veces con menos estilo y más oficio, que tengamos en cuenta que lo fundamental no radica sólo en unos lazos decorativos -y efectivos, lógicamente-, sino que nuestro perro se ponga en firme a dar con esa codorniz que ratonea o con la que lleva ya un rato con la madeja de rastros y no le deja concretarla. Este truco o retoque podemos abordarlo en alguna sesión en el intensivo a lo largo de estas semanas que nos faltan hasta la desveda, con pocas codornices pero bien gestionadas y acompañando a nuestro perro, sabiendo situarnos en el lugar adecuado, que no siempre es justo detrás, reforzando su seguridad y confianza en las muestras, dejando que sea él quien tome la iniciativa de entrar para sacar la codorniz, dándole tiempo para el cobro y su disfrute.

 

 

Texto: Miguel Soler / Fotos: Julio Abad

 

Fuente: www.elcotodecaza.com

 

 

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